Ultra" (1997): el despertar sombrío de Depeche Mode
1997. Alan Wilder ha dicho adiós. La maquinaria de precisión sonora que sostenía la arquitectura electrónica de Depeche Mode ya no está. Martin Gore, con sus demonios líricos, y Dave Gahan, recién resucitado tras coquetear demasiado con la muerte, se enfrentan al vértigo de reconstruirse sin su arquitecto sonoro. Es el momento en que todo se tambalea… y, paradójicamente, todo se vuelve más real.
Ultra es un álbum nacido desde las cenizas, un disco que no busca épica, sino redención. No es el regreso triunfal de una banda que vuelve más fuerte que nunca: es una confesión a media luz, un grito contenido, un renacer lento y doloroso. Aquí no hay la frialdad industrial de Violator, ni la elegancia producida al milímetro de Songs of Faith and Devotion. Lo que hay es carne. Piel. Cicatrices.
Desde la primera pulsación de "Barrel of a Gun", el oyente sabe que esto no va de agradar. Va de decir la verdad. Ese bajo distorsionado, esa percusión marcial, ese tono casi hostil, es Dave Gahan escupiéndose al espejo. Y luego llega "It's No Good", que es el reverso narcótico del romanticismo: una joya dark-pop que flota como si el corazón se rindiera, pero con clase. Inmensa.
Pero si hay un tema que lo resume todo, es "Home". Martin Gore toma el micrófono para hablar del regreso, de encontrar por fin algo parecido a un refugio. Y lo hace con una ternura devastadora. El arreglo de cuerdas acaricia, pero también aprieta. Uno de los momentos más emotivos de toda su discografía.
Ultra no tuvo gira. No podía tenerla. La banda estaba al límite. Pero en ese silencio escénico, la música sonó más alta. Porque este disco, a pesar de no estar pensado para brillar en estadios, tiene un sonido soberbio, moderno, elegante, de una producción milimétrica sin necesidad de artificios. Tim Simenon, el productor, supo entenderlos como nadie: no hizo falta sobreproducir nada. La oscuridad ya estaba dentro.
Quizás por eso Ultra ha sido durante años un álbum algo infravalorado. Porque no tiene la energía hedonista de los 80 ni la grandilocuencia de los 90. Pero ahí está su poder: es un disco maduro, sincero, sin máscara. Un álbum que no necesita alardear de nada porque ya lo ha perdido todo. Y desde esa pérdida… reconstruye.
En Ultra, Depeche Mode no vuelven al mundo. Vuelven a sí mismos.
Gracias por ver el vídeo 😉🌹
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